"air and light and time and space", Charles Bukowski

"–you know, I’ve either had a family, a job,
something has always been in the
way
but now
I’ve sold my house, I’ve found this
place, a large studio, you should see the space and
the light.
for the first time in my life I’m going to have
a place and the time to
create."

no baby, if you’re going to create
you’re going to create whether you work
16 hours a day in a coal mine
or
you’re going to create in a small room with 3 children
while you’re on
welfare,
you’re going to create with part of your mind and your body blown
away,
you’re going to create blind
crippled
demented,
you’re going to create with a cat crawling up your
back while
the whole city trembles in earthquake, bombardment,
flood and fire.

baby, air and light and time and space
have nothing to do with it
and don’t create anything
except maybe a longer life to find
new excuses
for.

Todd Hido. Fotografía























http://www.toddhido.com/


La puerta. Relato breve

Espera con la llave en su mano derecha. Mira la puerta de madera oscura. Por el panel de vidrio biselado, trata de distinguir algo. Respira hondo. No va a ser diferente. Y lo sabe. Lo que puede variar es cómo la encuentre. Siempre es una sorpresa. Una sorpresa repulsiva. Últimamente, eso es lo único que le genera. La más fría y viscosa repulsión. Sabe que está ahí atrás, tal vez sobre el sofá o en la cocina, podría estar escondida en el garaje o en su habitación, incluso en el jardín. No importa. De todas maneras, intuye la sombra espesa que proyecta, una sombra que se derrama, se arrastra, se le queda pegada y luego tarda días en poder quitársela de encima. Es como una adherencia. Y huele. Está segura, con la llave en la mano, que lo peor de todo es el olor. Esa mezcla acre, ácida, como de ajos podridos que emana de esa superficie endurecida que lleva por piel. El olor. Aunque tal vez lo peor sean los ojos, vidriosos y vacíos.
Mete la llave. Pero no la gira. Son unos segundos preciosos, intensos, donde la vida cobra sentido. La vida. Está afuera, donde el sol brilla y el aire huele a asfalto mezclado con jazmines y tilos floridos. Respira. Escucha. Tiene que entrar. Se mira los zapatos. No los puede mover. Pegados al mármol del escalón de la entrada. Intenta levantar un pie y no puede. Sus huesos son de cemento ahora. Los pulmones también. Abre grande la boca para tragar aire. Su pecho sube y baja. Se vuelve extremadamente consciente del espectáculo que está dando. Pero no le importa que la gente pase por la calle y la mire, parada frente a la puerta, con la llave en la cerradura. Antes, cuando entraba, decía “Hola, llegué”. Ya no. Si la escucha o no la escucha, carece de importancia. Si total no entiende. Pega su oreja al vidrio de la puerta. Dentro, todo parece quieto y en silencio. Parte del engaño. ¿Y si no entrara? ¿Si jamás volviera a entrar? ¿Cuántas veces lo había pensado? Miles. Ahora sólo cuenta con que no sea peor que ayer. Pero la luz cambió. No es la que había antes. Día a día se espesa el aire. Se oscurece. Lo notó cuando encontró esas fotos viejas. Ahora la casa parece capturada por una opacidad, una noluz que lo absorbe todo, incluidos los ruidos, el televisor, la radio, las pisadas, las risas y las palabras. Los únicos sonidos que logran traspasar ese aire enrarecido son los que le escucha lanzar, escupir, como embarrados. Fue en este exacto lugar, en la puerta, pero del otro lado, donde le tuvo que pegar aquella vez para que no se le escapara. ¿Dónde estará ahora? Ojalá en su habitación, dormida, o al menos fingiendo.
Gira la llave y entra.
Andrea Marra

Soltera Serial

Ya salió mi libro de ficción "Soltera Serial". 
Una crónica de citas, amores y otros desastres. 

Hughes Erre Photos













Beautiful, sensual, and melancholic photos by Hugues Erre aka Interieurbleu. The ones we show were all taken sometime between the 1970′s and the 1990′s in various locations in Europe (Sweden, Denmark, France).
Aquí:
http://www.culturainquieta.com/en/erotica/item/1654-hugues-erre.html

Cabelleras, de Yasunari Kawabata

Una muchacha sintió la necesidad de arreglar su cabello.
Es algo que sucedió en una pequeña aldea en lo profundo de la montaña.
Cuando llegó a la casa de la peluquera, se sorprendió. Todas las muchachas de la aldea estaban agolpadas allí.
Esa noche, cuando las antes descuidadas cabelleras de las jóvenes lucían impecables con sus peinados con forma de durazno hendido, una compañía de soldados llegó a la aldea. Fueron distribuidos en las casas por el oficial de la aldea. En cada casa hubo un huésped. Tener huéspedes era algo tan raro, que por eso tal vez todas las muchachas habían decidido arreglar sus cabelleras.
Por supuesto, no sucedió nada entre las jóvenes y los soldados. A la mañana siguiente, la compañía dejó la aldea y cruzó la montaña.
Y la agotada peluquera decidió tomarse cuatro días de descanso. Con la placentera sensación que produce haber trabajado duro, la misma mañana que los soldados partieron, y cruzando la misma montaña, ella viajó sacudida en un carromato tirado por caballos para ir a ver a su hombre.
Cuando llegó a esa aldea ligeramente mayor al otro lado de la montaña, la peluquera del lugar le dijo:
- Qué bueno, has llegado en el momento exacto. Por favor, ayúdame un poco.
También allí, las muchachas se habían congregado para componer sus cabelleras.
Al final de otro día de trabajo en peinados con forma de duraznos hendidos, ella se dirigió a la mina de plata donde trabajaba su hombre. Apenas lo vio, le dijo:
- Si fuera tras los soldados, me haría rica.
- ¿Pisarles los talones a los soldados? No hagas bromas de mal gusto. Esos mequetrefes con sus uniformes de marrón amarillento. ¿Estás loca?
Y el hombre le dio una cachetada.
Con un dulce sentimiento, como si su exhausto cuerpo hubiera estado entumecido, la mujer le lanzó una mirada salvaje y penetrante a su hombre.
El nítido y potente toque de clarín de la compañía, que había cruzado la montaña y ahora iba bajando en dirección a ellos, hizo eco en medio del crepúsculo que iba envolviendo la aldea.


Momoware, peinado en forma de durazno partido.